Pintando moscas

De adolescente visité la Casa-Museo del pintor José Segrelles en Albaida. El guía,  un chico joven y simpático, hablaba con entusiasmo de su ilustre paisano  y relataba constantemente anécdotas que mostraban las cualidades artísticas de Segrelles. Sobre todo hubo dos que me llamaron la atención y nunca he olvidado, en una se mostraba  convencido que el conocido  logotipo de los coches Ford lo había diseñado Segrelles en su etapa americana. Por lo que yo sé el logotipo es anterior a la estancia del pintor en Estados Unidos. En la otra   anécdota nos dejo sorprendidos con la habilidad técnica del pintor de Albaida para aparentar la realidad. Contaba como  Segrelles había pintado una mosca en uno de sus lienzos y resultaba tan realista que todo el que se acercaba a la obra hacia aspavientos con las manos tratando de espantarla.                                                                                                                                                          Mucho tiempo después  leí el libro “La leyenda del artista” de  Kris Ernst y Otto Kurz. Los autores, historiadores del Arte vinculados al Instituto Warburg, analizan textos y anécdotas tratando de hallar las raíces de las que derivaron varios temas de las biografías de artistas. De estos antecedentes surgirán estereotipos que se convertirán en formulas biográficas. En los numerosos relatos de la vida de pintores y escultores que nos han llegado desde el Renacimiento siempre encontramos asuntos típicos, temas que apenas varían de la biografía de un artista a otro, sobre todo relacionados con su niñez, o bien con el efecto de sus obras en el público.

Y la mosca vuelve a volar sobre la pintura. Vasari cuenta en su “Vida de los mejores arquitéctos, pintores y escultores italianos” que cuando Giotto era sólo un niño aprendiz de pintor con Cimabue,   pintó una mosca en la nariz de un rostro que el maestro había dibujado, Vasari refiere que  su técnica era tal que Cimabue intentó espantarla con la mano antes de darse cuenta de que estaba pintada.

Ernst y Kurz sostienen que esta anécdota puede tener su origen en otra (recogida por Vasari del historiador romano Plinio) referida a la disputa entre los pintores griegos del s. V, Zeuxis y Parrasios. Estos competían sobre quien tenia más facultades para el realismo, o dicho de otra manera quien poseía mejores condiciones para engañar. Zeuxis presento unas uvas pintadas con tanto realismo que los pájaros se acercaban a picotearlas y Parrasios una obra cubierta con una tela, cuando Zeuxis quiso descorrerla se dio cuenta que estaba pintada. Los autores del libro opinan que la anécdota de la mosca en la nariz pintada por Giotto seguramente es falsa y forma parte del “perfil estereotipado” del artista y además que incluso es poco probable que Giotto y Cimabue llegaran siquiera a conocerse.

Pero a partir del Renacimiento el trampantojo de la mosca aparecerá en muchas pinturas tratando de engañar al observador o buscando un plus de realismo en la pintura.  La representación de insectos junto a otros recursos como la perspectiva, las hornacinas o quicios donde se apoyan objetos o los marcos  de donde parecen salir algunos elementos de la pintura, las telas colgadas y las cortinas, la fidelidad en los detalles o el tratamiento de las sombras arrojadas buscan acentuar la verosimilitud de la imagen realista. Por otro lado la mosca es un insecto cotidiano, uno de los más presentes en nuestra vida, casi siempre hay una o varias a nuestro alrededor.

Posiblemente la presencia de la mosca en tantas pinturas tenga otros significados además del valor ilusionista o anecdótico. Andor Pigler, historiador del  arte y, durante muchos años, director del Museo de Arte de Budapest, escribió un completo catálogo de las pinturas donde aparecían moscas y argumenta que, en ocasiones, la presencia de moscas pintadas se hacia precisamente para espantar a las moscas verdaderas y que no se posasen en los cuadros.

En los bodegones y, sobre todo, en las “Vanitas” tiene un valor manifiestamente simbólico,   evoca la corrupción, es decir, el carácter de fragilidad de la existencia humana en este mundo.

Y otra caracterización simbólica de la mosca es como representación del diablo Beelzebú en cuadros de temática religiosa o en retratos con intención moralizante. Parece ser que el nombre Beelzebu significa precisamente Señor de las moscas, por que los pensadores cristianos (San Jeronimo, San Isidoro) lo definían como un sucio ídolo pagano que estaba cerca de la inmundicia. R. Urbano en su obra: El diablo: su vida y su poder;  habla de la existencia de una Orden de la Mosca como parodia de las de caballería como el Toisón de Oro.

Pintores contemporáneos siguen recurriendo a representar moscas y otros insectos, me han llamado la atención dos artistas jóvenes neosurrealistas, pero con un estilo que evoca a la pintura renacentista y barroca: Madelline Von Foerster y Benjamin A. Vierling. Sus pinturas contienen muchos elementos simbólicos, se relacionan con la magia y  tienen un aura de misterio,  a menudo  remiten al bodegón , los gabinetes y las “Vanitas” . Y los dos utilizan el temple al huevo como técnica pictórica.

  Y para terminar una foto que hice de una obra de Roberto Mollá  de la exposición en el Centro del Carmen de la Colección Universidad Politécnica de Valencia y DKV. Esperé un buen rato a que se moviese para comprobar si era real y al final opté por hacer la foto medio a escondidas de los vigilantes. No resisto la tentación de colgarla!!

Y como colofón  una simpática entrevista a Dali.

  http://youtu.be/cRm0zE6y-Jg 

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